Ecología

 

EL ARQUITECTO Y LA NATURALEZA

Publicado por Administrator (admin) El 05/26/2015
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Mi hija de ocho años me peguntó una mañana “Papa ¿Por qué tu hablas tanto de proteger la naturaleza si tu eres arquitecto?” y al momento no entre en razón de su pregunta y argumenté “pues por eso, porque como arquitecto tengo que protegerla” “Si, pero cuando haces tus construcciones tienes que botar muchas plantas, árboles y cambias la naturaleza como se mira ¿entonces?” Y el caer en esa cuenta me cambió totalmente la perspectiva. Hoy voy a compartirles estas notas.

Lo primero que debemos tener claro es el echo de que tan solo el cortar un árbol ya ha afectado la ecología, el ecosistema y por el Efecto Mariposa, todo el planeta.
Y ya me estarán tachando de exagerado, pero es que cuando el ser humano entra al bosque no va para cortar un solo árbol.

Bien conocido es que el tan solo construir un camino de terracería , de dos metros de ancho, provoca cambios trascendentales en el ecosistema, la circulación del agua, del subsuelo, a través de las raíces y plantas menores, se interrumpe, el movimiento de los insectos, de los animales más grandes no digamos, esto sin echar en cuenta el daño que provoca el paso de personas al ir destruyendo poco a poco todo a la orilla del camino, o la contaminación que provocan los vehículos y luego la inherente construcción de viviendas a la orilla, luego la construcción de colonias, pueblos y ciudades enteras que definitivamente acaban con lo que es naturaleza.

Lamentablemente esto es inherente al ser humano desde que empezó a andar en dos patas.

Aquí en Guatemala la gente te pide construirles hasta en el último centímetro de su terreno “no deje jardines ni ‘hoyos’ en la construcción” te dicen, y cuando se les pregunta por la naturaleza que debe estar cerca te dicen que tienen suficientes macetas para poner dentro de la casa.

En la historia de todas las civilizaciones hay pruebas de demostración de su supremacía: destrucción de la mayor cantidad de naturaleza posible y colocar sus construcciones que son sinónimo de poder económico y social.

Desde la propia Biblia viene la orden de “ir y controlar la tierra y todo cuanto habitare en ella…”

y los arquitectos somos los más arrogantes en ese sentido, siempre demostrando que el uso de nuevos materiales, cada vez menos naturales, y el acabar lo más posible con los ecosistemas, es muestra de que somos superiores al resto de la humanidad.

Hay muchos arquitectos que han ganado premios importantes por hacer esto, y el resto los admiramos y les aplaudimos.

Pero como digo, al ser humano se la ha olvidado siempre que somos partes del ecosistema, que como animales, debemos respetar nuestro lugar en la cadena, nuestra posición dentro del sistema natural, que en realidad no estamos aquí para dominar nada, mucho menos a la naturaleza, sino para convivir dentro de dicho sistema perfectamente ideado, y, mas bien, cumplir con nuestra obligación de estar el principio de la cadena.

El hombre es el único animal que se esmera en destruir su hogar, su fuente de alimento, su fuente de vida, de una manera que vista desde una perspectiva no humana es tan irracionalmente absurda.

El asunto es que a la naturaleza no se le olvida, es paciente pero no olvida.
Ya se pueden ver todas las ruinas que existen alrededor del mundo.
Ya se puede ver en todos los mal llamados “desastres naturales” con los cuales toda la obra humana es reducida a nada, a ruinas, mientras que la naturaleza vuelve a imponerse como la señora poderosa que es.

La bien llamada Madre Naturaleza.

Recientemente, al contrario de lo que se creía en el pasado, se está demostrando, por ejemplo, que la enorme y gloriosa “civilización” Maya, acabó con grandes extensiones de la selva para demostrar su supremacía, con edificios enormes, ciudades de extensiones exageradas y de “belleza” increíble, comparables a Manhattan y New York.

Por mucho tiempo creímos que sus ciudades eran pequeñas y que respetaban la naturaleza y hoy se descubre que no fue así, que fueron altaneros como buenos seres humanos pensantes.

Pero hoy también descubrimos que la naturaleza no tardó más de mil años en desaparecer de la vista todo lo que el ser humano—los grandes arquitectos—habían construido.

Vemos con temor a la Madre Naturaleza arrancándose del lomo toda esa prepotencia humana. Ya no es secreto tampoco porque esta “civilización” Maya desapareció: sequías en ciertas áreas, inundaciones en otras, todos “desastres naturales” que hicieron reducir al ser humano al lugar que le pertenece en la naturaleza y no al altanero que supone estar.

No me extraña entonces porque las etnias que sobrevivieron al holocausto de los Mayas hayan aprendido bien el respeto a la naturaleza y lo propaguen a los cuatro vientos.

Y de echo, todas las etnias indígenas alrededor del mundo la profesan, y casi todas tienen una relación anterior a “grandes civilizaciones”.

Hoy en día, cuando el ser humano se jacta de muy inteligente, se están construyendo mal llamados “proyectos ecológicos” “ciudades ecológicas”.
Una vez un vendedor de bienes raíces nos dijo que el proyecto era ecológico porque incluía un campo de golf ¡por favor!.

Y se les llama ecológicos por que usan materiales reciclados, o reciclables, o “amigos del ambiente” y tantos otros nombres, cuando saben de antemano que es falso, como dije antes, el solo echo de hacer un camino ya no es “ecológico” mucho menos lo será hacer cincuenta o cien casas en una sola área.

Y sé que aquí el grueso de la sociedad dirá que estoy desvariando, pues el ser humano “necesita” de ciudades para vivir “dignamente”, que no hay otra manera de vivir como seres humanos si no es en la “civilización” con tecnología de punta, con vehículos motorizados, con residencias de concreto relucientes, con el metal, con el vidrio, sin el odioso bosque lleno de animales “peligrosos”, sin la odiosa jungla llena de mosquitos.

Varios me preguntarán que qué otra manera hay de vivir “dignamente”.
Las etnias indígenas actuales tienen media respuesta.
Y sino, la naturaleza tiene la respuesta final.

Y no estoy hablando aquí del fin de la humanidad como muchos han hecho creer.
Ya hablamos arriba del tema, el ser humano sobrevive de una manera u otra, pero debe cargar sobre sus espaldas el pago a su falta de respeto, o sea sobrevivir a “desastres naturales”.

El problema es que nuestra memoria es muy corta, y bastarán unas cuantas generaciones para volver a repetir los mismos errores que nuestros abuelos.

Ultimo cambio: 05/26/2015 a las 3:36 PM

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